
Trabajé durante casi 2 años en una casa hogar católica que se encargaba de brindar atención a niños abandonados, huérfanos, maltratados, y niños en situación de riesgo. Recuerdo claramente aquel día del mes de mayo cuando la policía trajo a un niño, su nombre era Raúl*. Raúl tenía 8 años y a primera vista irradiaba rencor, odio y lloraba desconsoladamente, me interesé en aquel chico y luego de hacer el papeleo correspondiente que se hace cuando ingresa un nuevo chico, fue admitido.
Me asignaron llevarlo a su habitación y mostrarle las instalaciones de la casa, lo llevé por todos los alrededores permitiéndole que me hiciera preguntas de cualquier tipo, me preguntó mi nombre, ¿Por qué estaba allí? ¿Dónde vivía? ¿Cómo me llamaba? y ¿por qué lo trataba tan bien? Aquella última pregunta me llamó la atención, ya que el trato que le estaba dando a mi parecer era normal. Pero tiempo después me daría cuenta del por qué de aquella pregunta.
Un día comencé a hablarle a Raúl sobre el perdón y de cómo Dios desea que perdonemos a las personas que nos hieren. Los ojos de aquel chico comenzaron llenarse de lágrimas mientras yo hablaba y parándose de pronto, se quitó la camisa y me mostró una cantidad de cicatrices que jamás había visto en mi vida.
Me gritó: ¿perdonar yo?, y me contó que cuando el tenía 1 año, su mamá amenazaba a su papá diciéndole: ¡si sales a tomar hoy cortaré a tu hijo con esta navaja!, amenazas a las cuales su papá no hacía caso, y salía, su mamá luego que el padre cerraba la puerta tras de sí, lo tomaba y comenzaba a cortar su cuerpecito con una navaja, descargando toda la rabia sobre él, que no tenía la culpa de que su papá fuera un alcohólico.
Continúo diciéndome, explícame algo, ¿Dónde estaba Dios cuando mi madre me hacía esto? ¿Cómo puedo perdonar a mi propia madre, que me marcó para el resto de la vida? ¿Sabes cuántas burlas he tenido que aguantar por tener mi cuerpo lleno de cicatrices? ¿Acaso a ti te pasó esto? Por un momento me sentí impotente de cómo responder y explicar a un niño de 8 años, lleno de amargura, todas las preguntas que tenía en su mente.
Pude haberle explicado las 4 leyes espirituales, el plan de salvación y un montón de versículos sobre el perdón, pero lo que ese niño necesitaba era que respondiera la gran pregunta que me había hecho tiempo atrás. ¿Porqué me tratas tan bien? Por supuesto para un niño que había sufrido de maltrato durante toda su vida, que había tenido que sobrevivir en las calles de la ciudad, hurgando dentro de la basura para poder comer. Era imposible pensar que alguien podría tratarlo bien, sin tener una intención escondida. Yo le había dicho que Dios le amaba y yo también.
Creo que los seguidores de Jesús hoy en día deben conocer y responder las preguntas que la gente tiene en su corazón. Así como este niño, miles de jóvenes caminan por las calles necesitados de respuestas que demuestren amor y no señalamientos, repuestas que restauren y no critiquen, repuestas que den esperanza y no condenación. Las preguntas que debemos hacernos en este punto son ¿Estaremos nosotros los creyentes, dando respuestas que restauren el corazón de la juventud de hoy? ¿Estaremos amando a la gente necesitada?
Es tiempo de amar como lo hizo Jesús, busca a una persona y ayúdale a responder las preguntas que hay en su corazón.
Pedro Hennig
Venezolano, estudiante de SETECA en Guatemala.
Miembro de la Cohorte de la Estrategia de Transformación
* Nombre ficticio y
fotografía con fines ilustrativos. Seguir Leyendo »»






